lunes, 24 de enero de 2011

Dos exposiciones estremecen la ciudad de Camagüey.

El escritor y periodista Jorge Santos Caballero, reseña en el siguiente artículo, dos de las más recientes muestras expositivas que tiene el público  la oportunidad de ver en la ciudad de Camagüey.

Con dos días de diferencia, se inauguraron dos exposiciones de artes plásticas en la ciudad de Camagüey, que han estremecido el ambiente artístico en tanto cada una, con sus especificidades,  rebasó las expectativas.

La primera, abierta el lunes 10, en la Galería-Taller Larios, y con el sugerente título de Viva Cuba, del joven artista santiaguero Alejandro Lescay Hierrezuelo, nos hace ver la realidad cubana desde una óptica sin pretensiones ilusorias, pero con la certeza de que somos nosotros los que aparecemos en esos cuadros sin afeites ni contemplaciones paternalistas; de ahí que se muestre un contexto desde tres proyecciones. Sin embargo, se nos antoja que más que una  búsqueda del quiénes somos, o de una reafirmación de ese acertijo según el espectador desee ubicarse, Lescay nos regala de manera diáfana una combinación de pretextos para que hagamos una lectura pública de nuestro sentido de pertenencia en el transcurso de la interpretación, que se despliega tácitamente y cuya tendencia se deja ver como una posibilidad de aprender lo que es la poesía intrínseca de este creador de corta edad, pero con una amplio desempeño creativo.

El silencio de los corderos. (Técnica mixta sobre lienzo, 150x100 cm)
En estas doce obras en técnica mixta sobre lienzo, el espectador atento encontrará, en la medida que se lo permita  su conocimiento de nuestras circunstancias, un espacio intermedio. Es como si la divergencia, que puede presumir de interrogación siempre, pretenda llamar la atención del espectador; pero es que reinterpretar el tiempo y el espacio vivido no es un cuestionamiento antagónico, no es una revisión de lo que fue; en todo caso, es una manera de reflejar un amplio espectro del procedimiento hermenéutico a partir del cual, analizando con mayor profundidad las diferencias, podría acometerse una tipología de traducir el medio como algo que está por hacer todavía. 

Sobre cebras búscamos el ave Fénix (Técnica mixta sobre lienzo, 150x100 cm)
De todos modos, son raras las veces en que un joven artista, reseñe con tanta precisión y desenfado el acontecer nacional, y elabore sus conjeturas sobre qué es lo superficial en ese devenir, y qué es lo que tenemos que superar, pero todo a partir de una característica bastante contradictoria, que es la capacidad de asimilar y transformar un periodo respetando el pasado.

Caridad Hernández
En otra dimensión, se observa la obra de la artista camagüeyana Caridad Hernández Carlos, en su muestra Cuadros para una exposición, inaugurada en la Galería Julián Morales de la UNEAC, el miércoles doce de enero. 

Lo que vemos aquí denota la fuerza una fortaleza en el proceso interior que se traspone en expresión corporal. No es la visión oblicua o enfermiza, es una aprehensión muy particular y rica de lo que se nos ofrece o se nos impone a cada uno de acuerdo con las situaciones de la vida. Por tanto, esta artista toma la cuestión de cómo representar su mundo visible partiendo de un pretexto. Cada imagen de la mujer se nos vuelve rápidamente en una supuesta trivialidad, y ahí está el peligro por donde transita Caridad Hernández; pero, por otra parte, ya no nos podemos imaginarla visualmente más que de esa manera. Esa es su razón y su sentido, la referencia directa de lo que para ella es representar lo vivo, porque su finalidad es llegar a la verdad sin importar cómo, por cruda que sea para cualquier humano. Bajo esta perspectiva aleccionadora, pese a los contrastante que parezca, tenemos que ver la cuestión  del trazado de Caridad como su semejanza con lo que se observa en cada dibujo sobre cartulina que ella nos presenta, y que se compilan en 20 obras convincentes de que están tamizadas de un fuerte dosis psíquica y personal, porque lo suyo es lo esencial, mas no de una imagen realista de la realidad individual. 

Lo  visto en estas obras nos da una idea desde el comienzo, que cada una tiene una semejanza medular en el pensamiento de la artista  Ha sido su obsesión. Así, esta creadora nos presenta como resultado de su trabajo artístico una imagen repetida, mascullada; en cambio, no mal simbolizada o retratada y, a la vez, unida e inherente con la vida que ella ha llevado, de ahí la trascendencia. La huella de esa lucha por la vida mediante la imagen, aparece de esta manera  con un grado de autenticidad sobrecogedor, lo cual confirma la credibilidad de la artista a partir de su atmósfera. Esa es la clave de su misteriosa existencia, más allá del entendimiento posible, lo que sobresale es su metafórica existencia.